
El escolta santafesino, de 38 años, estableció un destacado rendimiento en los 21 minutos que estuvo en cancha.
Para Delfino lo importante será recuperar la confianza en su baloncesto. Para ello ha elegido este proyecto de la Serie A italiana, un país donde había tenido las últimas oportunidades. Se ha pasado un año en blanco, pero ahora ya tiene un proyecto en el que centrarse. Lo último para él había sido la temporada 2018/19, llena de sensaciones buenas y malas por los cuatro costados: se unió al barco de Larry Brown, con el que había coincidido en Estados Unidos, en el Turín, pero esa mezcolanza acabó muy mal (tanto que el equipo desapareció por problemas económicos); posteriormente, bajo a la Serie B para unirse a la Fortitudo de Bolonia y con ella lograr el ansiado ascenso que hace que ahora vuelva a haber un derbi clásico en la ciudad y en la máxima categoría, pero no siguió en la vuelta del equipo a la primera división. Sus promedios en la Lega venían de ser 7,7 puntos y 3,2 rebotes, algo lejos de lo que puede dar alguien de su talla, pero también de estar -previamente- un mes en Vitoria.

El currículum de Carlos Delfino es envidiable. Fue su paso por el Reggio Calabria y la Fortitudo de Bolonia a comienzos de siglo lo que le llevó a la NBA, donde debutó en unos Pistons recién coronados como campeones en 2004. Pasó por tres equipos más (Milwaukee, Toronto, Houston) además del Khimki, con el que jugó la 2008/09, en casi una década de amasar una buena fortuna y jugar con regularidad al más alto nivel. Ahora, con sólo 37 años, se presenta una de las últimas oportunidades de destacar.
