
Es una manera de resumir, más que el tenis, los Grand Slams. La final del US Open 2020 que ha levantado Naomi Osaka vio a la japonesa completamente fuera mediado el segundo set. Su rival, Vika Azarenka, se vio con una ventaja táctica, psicológica y de marcador lo suficientemente importante como para pensar en su triunfo final. Pero el tenis pone a prueba a los dos lados de la red sin dar mayor merecimiento que premiar a quien gana el último punto del encuentro. La japonesa se ha hecho con su tercer Grand Slam.

Hasta el 6-1 2-0 y 40-30 se fue un partido cada vez más cerca de su desenlace, sin opciones de rotura aún para Osaka, hasta que llega su oportunidad. Suele ocurrir que la presión se desinfla cuando se rompe el servicio de tu rival, estás cerca de perder y juegas con la mano más relajada. Y Naomi Osaka, si la mano deja de temblar y deja de preocuparse y castigarse a sà misma, es imbatible. Ya ha venido diciendo Naomi que juega mucho más despreocupada, dadas las circuntsancias sociales que están aconteciendo, movida por el motor de una desigualdad.


Esa rotura va a suponer un cambio de guardia asombrosa. Siete de los siguientes ocho juegos corren de cuenta de Naomi, que iguala la contienda y se sitúa desde un plano de igualdad mental, el deseado objetivo para afrontar el set definitivo con la tranquilidad para agarrar el testigo de prócer y que fuese Vika la errática y dubitativa. Azarenka se ve desarbolada, sin capacidad para frenar lo que está pasando.

Sin embargo, va a tener una nueva y fugaz oportunidad. Del 4-1 pasa al 4-3 y todo parece volver al primer párrafo de esta crónica, donde se concentra este deporte. Todo es susceptible de cambiar, de ir para regresar, pero Osaka no se ha visto afectada para terminar cerrando el partido y anotarse su tercer Grand Slam. Hace dos años, cuando sumó dos grandes consecutivos, ya se avanzó que su poderÃo, impacto y repercusión podÃan crear una nueva era de dominio. Y si bien no ha sido asÃ, Naomi tiene 22 años, suma tres grandes y sobre pista dura, si encuentra tranquilidad competitiva, depende, en cierto modo, de sà misma.

