Con una gran actuación de Cardona, autor de los 2 goles y Dalma presente en el palco.
Diego Armando Maradona era asÃ. Capaz de resolver todo en un ratito, en un par de minutos. De demoler la defensa rival, la estrategia rival, la planificación rival, a todo rival (al fin de cuentas), con su zurda mágica, de un sacudón. Y justo ahÃ, en su Templo sagrado, en su casa, en el club de su vida, hubo un tal Edwin Cardona que por un momento pareció Diego Armando Caradona. Inspirado como si llevara la 10 azul y oro y no la 8, en una ráfaga de nueve minutos, el colombiano liquidó a Newell's. Marcó los goles del 2 a 0 y dejó a Boca en la puerta de la clasificación.
Edwin no sólo le dedicó el gol a Dalma, la hija de Diego, como todos sus compañeros. Luego, encima, tuvo tiempo para su homenaje personal. En el segundo gol, luego de un amague maradoniano con el que hizo pasar de largo a Fontanini, se la metió de caño a Macagno, quien también habÃa sido su cómplice en el primer gol, el de tiro libre y su festejo fue mirando al cielo.
La imagen conmueve, emociona, estremece, estruja el corazón. A cara lavada, con los ojos hinchados de tanto tristeza y tantas noches sin dormir, Dalma Nerea Maradona se lleva las manos a la cabeza y deja brotar ese mar de lágrimas que le brota desde el alma. Debajo del palco, del palco de Maradona, del palco más famoso del paÃs, ahà donde el Diego fumaba habano con un Rolex en cada muñeca y la boina del Che, los futbolistas de Boca le ofrendan a Dalma, y a Diego, el mejor homenaje de la fecha.



