EL FUTBOL LLORA A LUQUE

Murió Leopoldo Jacinto Luque a los 71 años, uno de los héroes campeones del Mundial 1978

La salud del ex futbolista que se consagró de la mano de César Luis Menotti había empeorado en los últimos días en el marco de su lucha contra el coronavirus. Producto de dicha afección, se encontraba internado en terapia intensiva en la Clínica de Cuyo, de la ciudad de Mendoza.
Para muchos, la foto de su vida es aquella del festejo del gol ante Perú en el recordado y polémico 6-0 de la Selección a Perú en aquel certamen, cuando abrió los brazos como el ex presidente Juan Domingo Perón en lo que significaba el pase a la final que ganaría días más tarde ante Holanda en el Monumental.

“Toda mi vida fue dura. Mi carrera fue difícil. Tuve que ir a jugar a Jujuy y a Salta por los torneos regionales porque un tipo en Unión me dijo ‘no le hagas perder el tiempo a tu vieja. Conseguí un laburo o seguí estudiando’ y esas cosas me fueron endureciendo la coraza y lo pude aprovechar en el Mundial”, describió sobre su propia carrera.

Ese campeonato del mundo representó su mayor alegría futbolística, pero en el medio sufrió una pérdida enorme. Ante Francia jugó uno de los mejores partidos de su carrera, según el propio Luque en entrevistas, en donde anotó el 2-1 que le dio la clasificación al equipo de Menotti a la segunda ronda. En ese partido sufrió una luxación en el codo, pero terminó el partido en cancha a pesar del dolor.
Sin saberlo, esa mañana su hermano Oscar, quien tenía 25 años, falleció en un accidente automovilístico cuando viajaba desde Santa Fe hacia Buenos Aires para presenciar el partido en el Monumental.
Luque se enteró al día siguiente. Sus padres se lo contaron y en el medio del Mundial se encargó de llevar el cuerpo de su hermano a Santa Fe. Tras unos días de duelo, volvió al plantel para el tramo final, camino a la consagración eterna.

 "Un luchador inclaudicable. Un campeón del mundo que se ganó el oro con gol, pero también con sangre, sudor y lágrimas, literalmente". 
Si le habrá costado esfuerzos su carrera que recién pudo debutar en Primera a los 23 años, cuando lo hizo el 26 de noviembre del 72 con la camiseta de Rosario Central, de visitante ante Lanús (1-1). Como en las inferiores de Unión no lo habían tenido en cuenta, había pasado por Sportivo Guadalupe, de la Liga de su provincia, luego por Gimnasia de Jujuy, después por Central Norte de Salta y más tarde por Atenas de Santo Tomé, también de la Liga santafesina. El paso por Central duró poco y su regreso a Unión fue con gloria: consiguió en 1974 el ascenso a Primera con aquel buen equipo conducido por Juan Carlos Lorenzo, en el que lució la cinta de capitán. Al año siguiente llegaría a River. Asomaban las mieles del éxito.
Le tocó debutar con la banda roja y diagonal nada menos que en el Superclásico, en la Bombonera, por el campeonato Nacional de ese año, el 21 de septiembre. Y ese gol que le hizo a Carlos Biasutto, el de la victoria para el 2-1 final, fue la carta de presentación con la que se metió de entrada en el bolsillo al hincha de River. Ya había pasado mucha agua bajo el puente de las desilusiones desde que a los 18 años había partido por primera vez de Unión con el pase libre. El tiempo, poco a poco, iba poniendo las cosas en su lugar.

Fue campeón de ese Nacional 75 y al año siguiente tuvo un partido repleto de inspiración, cuando en la noche del 22 de febrero en el Monumental le hizo los 5 goles a San Lorenzo en la goleada de 5-1 por la Zona B del campeonato Metropolitano. Atrapó cuatro títulos más con River hasta 1980.
Luque nació en Santa Fe el 3 de mayo de 1949 y desde hace casi tres décadas estaba radicado en Mendoza. Además de River Plate, jugó en Unión de Santa Fe, Rosario Central, Racing Club y Chacarita Junios. En la provincia cuyana tuvo sus últimas experiencias como Director Técnico: Independiente Rivadavia en el 2003 y Argentino de Mendoza en el 2013.

Después de aquellos años dorados en River regresó a Unión, pasó por Tampico de México, Racing, Santos, Boca Unidos de Corrientes, Chacarita y Deportivo Maipú de Mendoza, la provincia que lo atrapó, la tierra en la que sembró bonhomía a través de escuelitas de fútbol y como captador de chicos para River. Se fue Leopoldo Jacinto Luque, un superhéroe de perfil bajo, un campeón en serio, un nueve de colección.

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