Quedaron a mano en un clásico con más tensión que fútbol. Agustín Rogel y Cristian Tarragona los goles.
El empate, se ajusta a la realidad. Estudiantes y Gimnasia disputaron noventa minutos intensos, con pierna fuerte, pero leal. Hubo más testosterona que juego. Cada uno aprovechó su momento favorable. Y el reparto de puntos, justo cuando empieza a alumbrar el campeonato, no es nada despreciable. Sobre todo, en un contexto parejo.
El clásico de La Plata viajaba hacia el entretiempo con un indigerible cero a cero. Gimnasia había manejado mejor la pelota, pero llegó el gol. En el cielo del área, Agustín Rogel cabeceó y el grito se hizo carne en las tribunas del estadio Uno.
Néstor Gorosito cambió de posición a los extremos. Y Carbonero se filtró por la derecha, su mejor perfil, pero no pudo con Andújar. Sosa se movió hacia la izquierda. Y así salió a disputar el segundo tiempo. Con otro detalle: Ramírez se instaló como segunda punta de Cristian Tarragona.
Y empezó a ganar terreno Gimnasia. Movió la pelota de derecha a izquierda, encontró un espacio Sosa y el paraguayo habilitó a Tarragona, quien definió con un remate cruzado, lejos del alcance de Andújar. El empate, de acuerdo al desarrollo, era el resultado que más se ajustaba a la realidad.

