Desde la jerarquía de las individualidades se puede encontrar el principal argumento por el que Racing consiguió ganarle a Platense. El desarrollo del juego fue equilibrado, hasta con el Calamar generando las chances más claras de gol. Si la Academia se impuso finalmente 2-0 fue porque logró imponer la mayor calidad de sus jugadores a pesar de que fue el dueño de casa el que la mayor parte del tiempo puso las condiciones y velocidad del partido.
Lorenzo Melgarejo abrió un resultado que tenía destino de empate sin goles. Fue un golazo del paraguayo. A los 28 minutos del segundo tiempo agarró de aire un centro de Rojas, le pegó con la cara interna para que la pelota hiciera una comba y se metiera pegada a un palo de Jorge De Olivera.
Ya sobre el final, y tras desaprovechar una contra en la que eran cuatro contra uno y Miranda decidió mal, la segunda fue letal. Casi en tiempo cumplido, Mena desbordó por izquierda y el centro encontró al juvenil Maggi. Sí, al mismo pibe que hace unos días atrás casi ceden a Almagro porque no tenía lugar para Pizzi y se arrepintieron, le terminó dando el 2-0 final a un Racing que no brilla ni juega bien, pero que sumó su segundo triunfo al hilo

