Talleres y Colón animaron en el Mario Alberto Kempes uno de los encuentros correspondientes a los octavos de final de la Copa Libertadores.
Los fuegos artificiales que estallaron en el cielo cordobés sirvieron para abrir el telón de un entretenido espectáculo que se mantuvo en cero durante los primeros 45 minutos gracias a las actuaciones de Guido Herrrera e Ignacio Chicco.
Las acciones se reanudaron en el complemento con un contragolpe perfecto del elenco del Emperador. El remate de Juan Álvarez, el despeje de Herrera y el oportunismo de Santiago Pierotti le dieron a Colón la ilusión del 1 a 0, pero una posición adelantada del volante invalidó la conquista.
En Córdoba se dio una de esas situaciones que no requieren de mucho análisis. Cuando Falcioni envió a la cancha a Luis Miguel Rodríguez, el partido cambió. El Pulga ingresó con la jerarquía de siempre y en la primera que tocó, se hizo cargo de un tiro libre que le permitió a Ramón Wanchope Ábila festejar el ansiado tanto. Por más dificultades físicas que podría tener el experimentado goleador con pasado en Atlético Tucumán y Gimnasia, los argumentos del entrenador carecen de sentido cuando explica por qué la estrella local no es titular.
La fórmula del éxito estuvo en la vía aérea. Así lo entendió también Talleres, que después de un hermoso centro de Enzo Díaz, Alan Franco selló el 1 a 1 con una resolución perfecta al palo más lejano de Herrera. El ecuatoriano generó un estallido masivo en el Kempes para evitar la derrota y dejar la serie abierta.

